En sí, los riesgos no son malos y han pasado a ser considerados como oportunidades, siempre y cuando éstos sean identificados y administrados en tiempo y forma.
Los riesgos que más impactan a las empresas son: riesgos financieros, riesgo reputacional, riesgo político, fraudes, sanciones por falta de cumplimientos regulatorios, falta de efectivos controles internos, área de auditoría interna débil, vulnerabilidad en sistemas (IT), falta de un plan de continuidad del negocio, etc..
Ante esto, la administración del riesgo se ha convertido en una alta prioridad para el consejo de administración y directivos de las empresas.
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