Las altas tecnologías representan oportunidades para personas que quieran hacer algún tipo de daño a las empresas. Esto significa que las empresas van a experimentar nuevos tipos de amenazas a su seguridad en áreas como:
Este tipo de personas pueden ser los mismos empleados, proveedores, inversionistas, clientes o incluso socios de negocios.
Entender los fraudes, así como los riesgos asociados a los mismos es fundamental cuando se está buscando una estrategia de negocio robusta. El mejorar el desempeño del negocio a través de aplicaciones corporativas de una estrategia de administración del riesgo de fraude es la esencia de un buen Gobierno Corporativo.
Administrar las áreas de mayor riesgo del negocio puede ayudar a asegurar que los fraudes potenciales son prevenidos y que cualquier riesgo reputacional es administrado. Cuando un fraude ocurre, existe la oportunidad de prevenir su disipación.
El Consejo de Administración, así como el cuerpo directivo, deben estar seguros de que sus programas y controles internos sean realmente efectivos. Para ello, se toma como marco de referencia el COSO (Committee of Sponsoring Organizations of the Treadway Commission), el cual se utiliza para evaluar la situación de las empresas, así como base para los propósitos de los cumplimientos regulatorios establecidos por la Ley Sarbanes-Oxley y su sección 404.